Por aquel entonces, mis padres estaban muy ocupados y en ocasiones una niña de seis años era difícil de distraer. Pero siempre había un gran recurso... Mcarmen, ve a comprarte algo al kiosco!
El kiosko de la calle Boters estaba regentado por una pareja muy particular. No recuerdo sus nombres pero cierro los ojos y los veo. Como todas las tiendas del barrio eran de entrada estrecha y gran profundidad.
A pocos metros de la puerta y junto a un gran surtido de golosinas estaba siempre sentado el kioskero.
Llevaba unas gafas oscuras que le protegían de la luz por su escasa visión o mejor dicho por su visión nula. Pero él reconocía mi voz y siempre me causó una gran admiración.
Jamás supe comprender como sabia perfectamente donde estaban situadas todas esas pequeñas piezas azucaradas.
Recuerdo que en ocasiones mi falta de inocencia ponía a prueba sus reflejos. Era muy difícil engañarle. Cuando le ponía las monedas en la palma de su mano las acariciaba con delicadeza y sabia perfectamente cuanto dinero había y si faltaba o si me tenia que dar cambio. Yo observaba todos sus movimientos... Nunca dejo de sorprenderme .
Al fondo y tras una pequeña mesa siempre estaba sentada la kioskera. De cabellos canosos y peinada con un delicado moño. La conocí con un enorme quiste en el lado izquierdo de su frente que disimulaba con su peinado, creando una pronunciada ondulación. Yo nunca pude evitar dejar de observar esa gran pelota de pin pon en su frente.. Hasta que llego el momento en que se convirtió en algo habitual.Y es así como os lo relato....

Mi madre explica que en una ocasión tras volver del kiosko me senté en el rellano de la tienda a leer un cuento que supuestamente me había comprado. Al cabo de unos minutos y del efecto que las risas que la lectura del cómic me estaba provocando, una clienta se acerco a mi madre y le dijo... Carmen, usted sabe lo que esta leyendo su hija ??. Mi madre intrigada se acerco a mi y en la portada de la revista un gran culo y un cerdo estallaban mis carcajadas.
Alguna vez fue inevitable que ocurriera...El playboy no era una revista recomendable para menores de seis años.
Es probable que en este blog salgan a escena de nuevo mis kioskeros, ya que tengo muchos relatos en el tintero de mi memoria....
Mcarmen, cuando escribes, me haces meterme en la historia, y hasta a veces pones cosas que hacen gàcia o que me encantan, así que tengo que felicitarte!
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