sábado, 29 de junio de 2013

PASEOS POR EL CLAUSTRO

En muchas ocasiones, mis adoquines me llevaban a un lugar secreto.
Subiendo por el carrer del Bisbe y antes de cruzar el arco estaba la entrada al claustro. A la izquierda una pequeña parada de venta de velas rojas. En diferentes tamaños y con sus precios marcados en un cartón. Confieso que en alguna ocasión compre alguna pero decidir a quien se la encendía... Era todo un dilema. 
Entre esas calles siempre te acompañaba algún violín o alguna guitarra.. Eran músicos que con el eco de mis adoquines conseguían escucharse a si mismos. La mayoría no tocaban para un publico. Sino para ellos mismos.Y de tanto en tanto el sonido de alguna moneda entorpecía la melodía.

Pasados los años parece que nada se haya movido. Todo sigue igual.
Detrás de cada reja una historia iluminada .Rodeadas de mantos y todas ellas con las aureolas del señor Olivella y mirada triste.
Santa Lucia, te protege la vista... Y entre sus manos un recipiente. Siempre tuve la curiosidad de saber si había un ojo...

La meme me decía que si le guiñabas un ojo a Sant Antonio te buscaba novio. Y las trece ocas blancas en el centro... tantas como los años que tenia Santa Eulalia cuando murió.. Era así mama?

El olor de la cera, la humedad en el verano y el calor en el invierno, el sonido de las ocas y de tanto en tanto la Tomasa te avisaba que seguía estando por allí aunque no la viéramos.

Nunca salí por la capilla de santa Lucia, sin antes volver a cruzarme la mirada  con sus ojos azules y en silencio llegaba a la calle. Ya esta! Desaparecía el silencio, desaparecía el olor...desaparecía la magia

Una carrera de bajada y llegaba a Boters..
Donde estabas!! llevo horas buscandote!


sábado, 15 de junio de 2013

ORDENANDO RULOS

Ordenando rulos, es un relato muy especial.

Os pido que me acompañeis a uno de los locales que aunque no esta situado en mi calle, si que se encuentra entre mis adoquines y por tanto en mi recuerdo. Justo mirando el Portal del Ángel y enfrente de mi fuente estaba Javier. Era un portal con entrada de hierro y un gran espejo a la izquierda. Unas escaleritas justo al lado del ascensor te llevaban a la peluquería donde en muchas ocasiones y habitualmente sobre las tres de la tarde acompañaba a mi madre.

Era un local muy pequeño con espejos y olor a amoniaco. Con muchos detalles que observar. Entrando a la derecha habían dos sofás negros donde se lavaban las cabezas antes de peinar y  como si se tratase de un camerino espacios individuales de espejos con butacas muy bien iluminados.

Al fondo Javier tenia unos carritos de tres pisos  y era allí donde esperando a que peinaran a mi madre yo ordenaba rulos. Estaba un buen rato colocando esas piezas redondas en orden, una a lado de la otra, mientras que observaba y escuchaba siempre el mismo ritual. Hablaban de personajes que salían en las revistas, y comentaban sus vidas conociendo sus detalles mas intimos....a mi me sorprendía lo que llegaban a saber... y alguna llevaba rulos, otra tenia el tinte, otra la toalla enrollada. En alguna ocasión alguna llevaba puesto una especie de casco secador y quedaba al margen de las conversaciones con cara de preocupación por todo lo que se perdía....De tanto en tanto mi madre me miraba y me hacia un gesto de  comprensión.... Era la única que me veía...

Pero un día, estando ordenando rulos apareció una señora de aspecto frágil y se acerco a Javier mientras el seguía peinando concentrado . Sin pestañear, ni tan solo mirarla, le hizo un gesto de afirmación y la hizo esperar.

Cuando ya tenia las dos bandejas de rulos colocadas y me disponía a ordenar la ultima fue tal mi sorpresa cuando al girarme vi como la señora de aspecto frágil seguía en el mismo lugar  leyendo una revista pero sin cabello. Estaba completamente calva y Javier peinaba con toda naturalidad su melena colocada en un maniqui. Que había pasado? Mis ojos se abrieron como platos.

Si si... tal y como os lo cuento ocurrió! El peinaba al maniquí perfectamente colocado delante del espejo y durante ese rato vi como le hablaba... Le coloco unos cuantos de los rulos que  había ordenado y le peino acompañando sus ondas con el secador finalizando su trabajo fijando su obra con laca.
Mientras tanto la señora fràgil seguía leyendo ajena al resultado.
A continuación Javier se acerco a ella y le coloco su cabello con muchisimo cuidado, acabando de moldear el resultado con sus dedos... Yo seguía con los ojos como platos. Aquella escena me impacto de forma especial en mi vida...

Mi madre me aviso que nos íbamos y me llevo con ella a la salida mientras presenciaba una de esas eternas despedidas intercaladas entre gracias, la semana que viene vuelo a llamar para pedir hora, recuerdos a no se quien... y de su mano  me fui distanciando poco a poco de la imagen de aquella señora coqueteando frente al espejo con su cabello recién peinado.

Llegando a la tienda alce la mirada y me di cuenta del peinado tan perfecto de mi madre y lo guapa que estaba ... Pero me pregunte si en alguna ocasión nos iríamos a pasear juntas mientras la peinaran....




viernes, 7 de junio de 2013

UNA CALLEJUELA SIN SALIDA

Hoy he decidido empezar mi relato con la persiana bajada.

Eran tiempos de transición que una vez mas yo recuerdo entre mis adoquines. Mi calle fue víctima de momentos muy complicados. De repente una estampida de personas corrían desesperadamente, perseguidas por un batallón vestido de gris... No se de donde salían tantas personas pero arrasaban por mis adoquines sin compasión. Lanzaban una especie de pelotas grises que estallaban humo... y era cuando todos los locales cerraban rápidamente sus persianas. 

Teníamos una barra de hierro con un gancho colocada siempre en el mismo rincón y servía para que mi padre estirara de la persiana hasta la altura de sus brazos para llevarla con un golpe seco hasta chocar contra el suelo. Con ese ruido desaparecían mis adoquines y  la luz de mi calle .....Y esperando la calma, escuchábamos en silencio que todo se tranquilizara para poder de nuevo a abrir.

Estando en el interior de la tienda, al fondo había una verja trasera que te llevaba a una callejuela sin salida. Hablan los que la conocieron, que era una antigua calle que con el paso de los años desapareció, como tantas en aquel barrio...La llamaban la calle de las Coles.....Pero cuando yo la conocí servía de almacén trasero para aquellas tiendas que quisieron conservarla. Otros locales simplemente ampliaron su espacio secuestrandonla. Era un lugar secreto que solo podíamos tener acceso los que la conocíamos.

El suelo también era adoquinado, pero nadie lo cuidaba... Estaba sucio  ....Decorada de izquierda a derecha por columnas de cajas de cartón y visitada de tanto en tanto por algún animalito sospechoso. Por supuesto que a mi no me dejaban pasar,  pero en alguna ocasión cuando se abría el candado, yo me colaba y exploraba aquel misterioso sitio. Por el lado izquierdo el acceso estaba cerrado con los últimos cementos y un ascensor misterioso del numero 15, tan solo una pequeña linea de luz permitia ver la profundidad de su pasado.

Y tenia el misterioso encanto de lo prohibido , así que cuando aparecia la oportunidad me sumergía por aquel lugar averiguando que había escondido detrás de aquel mundo que yo tanto conocía.

Y cuanto mas me alejaba mas descubría...En una ocasión mis pasos me llevaron a entrar en el almacén de Casa Olivella. El señor Olivella era bajito y siempre vestía traje oscuro y corbata .Se dedicaba a la venta de objetos religiosos. Podías encontrar a San Antonio de Padua en diferentes tamaños; El mas pequeño para poner en la mesita de noche o una figura de la virgen del Carmen para adorar en un altar en el salón. Eran figuras con mirada triste...y las tenia perfectamente expuestas en unas estanterías caobas.

Pero aquella vez no entre por la puerta principal, donde estaba toda la exposición sino salteando varias cajas del almacén trasero. Me picaban los ojos por el serrín, pero no podía perderme esa aventura... Fue entonces cuando me quede mirando en el interior de una de las cajas que estaba abierta y vi como aquellas figuritas que la gente venia a comprar con tanto cariño y respeto, llegaban amontonadas y acolchadas con hilos de paja. Pero cual fue mi sorpresa, cuando observe que todas ellas  tenían dos pequeños agujeros paralelos en la nuca . Me quede completamente abducida... Porque tenían esos agujeros? Sin darme cuenta apareció el señor Olivella y me puso la mano en el hombro. Del susto que me dio, pegue un salto y me lo quede mirando... El señor Olivella me pregunto si me gustaban.. y al verme asustada y en silencio quiso dar respuesta a mi dudas... Porque tenían agujeros en la nuca..?

De una caja mas pequeña saco unas bolsas de plástico repletas de unos dorados y relucientes aros y me dijo...  Muchas de las figuras que vendo llevan unas aureolas o diademas que reflejan santidad y representan divinidad y realeza. Cuando las expongo para vender les coloco estas aureolas y por eso muchas los tienen...

Pero yo no podía olvidar aquellos dos agujeros tan perfectos en la nuca. Hasta en alguna ocasión intente averiguar si el Sr Olivella también los tenia...

Salí corriendo para mi tienda y al entrar escuche a mis padres que todo había pasado y que podíamos abrir la persiana. ... Fue entonces cuando pise mis adoquines y llegue a la entrada principal de Casa Olivella . En medio de aquel rellano, de derecha a izquierda y detras de los dos grandes escaparates me observaban... Y seguian teniendo la mirada triste...Detrás de la puerta de cristal el señor Olivella me dedico una sonrisa y pude ver en el reflejo el resplandor de su aureola...


sábado, 1 de junio de 2013

LOS BIKINIS DEL BAR CERVANTES

Entrando por la plaza Nueva a mano izquierda presidia la calle el Bar Cervantes. Un gran rotulo perpendicular lo hacia visible desde lejos.

Aprovechando el reducido espacio nacía pegada al mismo vidrio de la entrada una  barra que llegaba hasta la mitad del local,dando lugar al fondo a un espacio mas amplio.
Enfrente de ella cuatro pequeñas mesas de pino alineadas a la pared con un par de sillas en cada extremo, dejaban paso a un estrecho pasillo y en fila una linea de  taburetes altos  con reposapies... Mirando al suelo, un gran surtido  de servilletas usadas en forma de bolitas de diferentes tamaños amortiguaban mis pasos.

Desde la calle veía a pepe en constante movimiento detrás de la barra. Era alto, delgado y siempre gesticulaba con los brazos. Vestía  camisa de color blanco amarillento y en el lado izquierdo un pequeño bolsillo con perpetuos rallotes azules consecuencia de guardar el bolígrafo tras cada pedido. 


Desde mis adoquines yo disfrutaba de aquel espectáculo en  silencio pero al empujar aquella puerta de vidrio era cuando un estallido de voces y calor rompía dándonos la bienvenida al Cervantes. 

Los Bikinis del Cervantes fueron durante mi niñez el sabor de mis sábados matutinos. 


Cuando arrodillada en el taburete conseguía que desde el otro lado de la barra Pepe me prestara atención era  cuando siempre le pedía un bikini y un cacaolat ; Entonces  gritaba el pedido a la vez que agitaba con garbo la pequeña botella de cristal desprendiendo el chocolate del fondo con tres golpes secos .
A continuación del bolsillo del pantalón rescataba una pieza plateada cogida con un hilo y con un rápido juego de muñeca abría la botella y lo servía en aquellos vasos de tubo perfectamente diseñados para ese volumen. 


Observaba todo el proceso procurando no perder el equilibrio en el taburete  y esperaba impaciente mientras Juanito en la plancha lo preparaba... y al cabo de pocos minutos... allí estaba!! , recién hecho ....con su queso derritiéndose... Entonces con la misma paleta marcaba una linea en diagonal y lo convertia en dos perfectos triángulos que me entregaba cuidadosamente envuelto en una servilleta. 
En el Cervantes se aprovechaban todos los segundos , mientras Pepe lavaba unos vasos, preguntaba a nuevos clientes que querían... O gritaba pedidos a la vez que pasaba un trapo por la barra... Era todo un espectáculo verlo trabajar... Yo perseguia todos sus movimientos...

Estando en soledad en mi tienda, desenvolvía lentamente aquel tesoro procurando separar el queso del papel de la servilleta .. Era el momento de comprobar el resultado...

Durante muchos años esta hazaña se convirtió en algo habitual en mi vida, pero llego una mañana  que al levantar la persiana vi una enorme maquina derrumbadora de sueños arañando sus paredes y sin darme apenas cuenta arranco con cada piedra un trocito de mi infancia ... Desaparecía el Cervantes. 

Hoy me he parado justo delante de su puerta de vidrio. Desde mis adoquines he observado a Pepe y a Juanito detrás de la barra ... Hubiera entrado a pedirle mi bikini y un cacaolat.. Quizás me esperare al próximo sábado...



viernes, 24 de mayo de 2013

VE A COMPRARTE ALGO AL KIOSCO

Por aquel entonces, mis padres estaban muy ocupados y en ocasiones una niña de seis años era difícil de distraer. Pero siempre había un gran recurso... Mcarmen, ve a comprarte algo al  kiosco! 

El kiosko de la calle Boters estaba regentado por una pareja muy particular. No recuerdo sus nombres pero cierro los ojos y los veo. Como todas las tiendas del barrio eran de entrada estrecha y gran profundidad.


A pocos metros de la puerta y junto a un gran surtido de golosinas estaba siempre sentado el kioskero. 

Llevaba unas gafas oscuras que le protegían de la luz por su escasa visión o mejor dicho por su visión nula. Pero él reconocía mi voz y siempre me causó una gran admiración. 
Jamás supe comprender como sabia perfectamente donde estaban situadas todas esas pequeñas piezas azucaradas.


Recuerdo que en ocasiones mi falta de  inocencia ponía a prueba sus reflejos. Era muy difícil engañarle. Cuando le ponía las monedas en la palma de su mano las acariciaba con delicadeza y sabia perfectamente cuanto dinero había y si faltaba o si me tenia que dar cambio. Yo observaba todos sus movimientos... Nunca dejo de sorprenderme .


Al fondo y tras una pequeña mesa siempre estaba sentada  la kioskera. De cabellos canosos y peinada con un delicado moño. La conocí con un enorme quiste en el lado izquierdo de su frente que disimulaba con su peinado, creando una pronunciada ondulación. Yo nunca pude evitar dejar de observar esa gran pelota de pin pon en su frente.. Hasta que llego el momento en que se convirtió en algo habitual.Y es así como os lo relato....



Mi madre explica que en una ocasión tras volver del kiosko me senté en el rellano de la tienda a leer un cuento que supuestamente me había comprado. Al cabo de unos minutos y del efecto que  las risas que la lectura del  cómic me estaba provocando, una clienta se acerco a mi madre y le dijo... Carmen, usted sabe lo que esta leyendo su hija ??. Mi madre intrigada se acerco a mi y en la portada de la revista un gran culo y un cerdo estallaban mis carcajadas.

Alguna vez fue inevitable que ocurriera...El playboy no era una revista recomendable para menores de seis años.


Es probable que en este blog salgan a escena de nuevo mis kioskeros, ya que tengo  muchos relatos en el tintero de mi memoria....


sábado, 18 de mayo de 2013

EL COLMADO DE MI MEDIA AMIGA

Recuerdo que el colmado estaba lejos de la tienda.. Aunque ahora cuando paseo por mi calle me sorprende su corta distancia....


Llegando al final y a la izquierda, se abrían las puertas de un colmado que marco mi infancia. El colmado de mi media amiga.

Era un lugar muy peculiar en el barrio, un colmado que solía tener un poquito de todo. Lo imprescindible para la compra diaria del vecindario.


Allí solía ir a buscar cada tarde un bocadillo de queso de agujeros que mi media amiga me preparaba para merendar.



 Yo observaba a través de los cristales del mostrador como abría la barra de pan y la untaba con tomate, como dibujaba pequeños círculos con el aceite y dejaba caer la proporción imprescindible de sal; Seguidamente cogía un gran taco de queso gruyere y lo colocaba en una maquina  eléctrica  cortando unas finas lonchas.. Cada uno de los cortes, se deslizaba por la hoja  y salia cuidadosamente por el otro lado del filo de la cuchilla, dibujando unos agujeros perfectos....que colocaba con mucho cariño encima de la miga. Se repetía la escena una y otra vez y yo pegada ante aquel gran vidrio observe durante muchas tardes  esa increíble hazaña.


En la entrada siempre estaba el abuelo.Un ancianito de escaso pelo canoso sentado en una escalera de madera de dos escalones. Esa pequeña escalera que era muy útil para alcanzar el papel higiénico de la última estantería de la pared.

No hablaba apenas.. solo observaba la entrada y salida de la gente y en ocasiones dibujaba una sonrisa cuando lo miraba.Era el Sr. Martín


Mi media amiga regentaba el negocio junto a su marido, creo que se llamaba Josep. Era un señor con una gran cabeza y gafas cuadradas de pasta. Se peinaba con la raya al lado dibujando una perfectisima linea recta en su cabello.


Detrás del mostrador había unas escaleritas que bajaban a un pequeño rebost donde almacenaba cajas y cajas sin orden alguno.Recuerdo alineados unos pequeños toneles  y un  fuerte olor a uva fermentada. A mi ese hedor me resultaba repugnante pero se convirtió en un lugar misterioso y me encantaba. Cuando tenia algún diente a punto de caer iba a ver a mi media amiga y con mucho cuidado me lo estiraba cogiendolo con una de esa servilletas de papel de arroz, esas chiquitinas con cenefa azul.

Era entonces cuando me llevaba a ese lugar y escogía de entre todos los toneles el que estaba marcado con tiza en el frontal el nombre de Moscatel; Giraba el grifo media vuelta y llenaba un vaso minúsculo.


Ese momento era increíble para mi y lo vivía intensamente apurando cada una de las ultimas gotas en mi paladar... luego me envolvía la pequeña pieza en una de esas servilletas y me lo hacia guardar en el bolsillo. Con el paso de los tiempos cuando en alguna ocasión he vuelto a beber moscatel, no puedo evitar trasladarme junto a mi media amiga.


Siempre quedará en mi recuerdo ese colmado. 

Por cierto...mi media amiga se llamaba Roser. Ser mi media amiga la convirtió en alguien muy especial....

domingo, 12 de mayo de 2013

LAS PEPAS Y EL FRAILE DEL TIEMPO

Recuerdo que solo tenia que cruzar la calle y allí estaban.. la óptica Montserrat. Cuando yo la conocí el negocio no tenia actividad y lo único que quedaba era el recuerdo de muchos años vividos.
El reflejo del oscuro escaparate impedía ver el interior .Únicamente un descolorido fraile del tiempo las acompañaba, marcando con su bara una previsión .En su interior y sentadas una al lado de la otra, les dues germanes, la Pepa y la Montse.... 

La óptica Montserrat fue la historia de las Pepas, dos hermanas que convivieron una al lado de la otra cuidándose hasta el final de sus días..allí! en la calle Boters. Y cuando la edad les obligo a jubilarse, no supieron ir a otro lugar. Su vida era seguir estando junto a esas paredes. Y en cada nuevo día, aguardaban la espera del futuro que preveeria aquel misterioso fraile del tiempo.

Durante muchos años decidieron permanecer allí sentadas en lo que había sido toda su vida ...la nostra botigueta...

Reconozco que siempre me causaron un extraño temor, esas dos figuras de bata blanca sentadas en aquella oscuridad. Cuando tenia que pasar por delante aceleraba el paso pero al cruzar la entrada, una fina voz salia del interior de aquel lugar susurrando...nena!! vine vine... nena!!!. y me hacían gestos con sus manos para que me acercara a ellas y entrara...


Recuerdo que en el fondo de esa cueva había una cocina de muebles grises y pomos de aluminio, de techo alto y luz blanca fluorescente,húmeda...muy lejana al calor de un sofrito. Mis pasos se  acercaban timidamente entre esas baldosas erosionadas por el paso del tiempo y del interior de un estrecho cajón me ofrecían unos palitos finos de pan. Las Manos de las pepas eran delgadas y huesudas y temblaban constantemente.



Solo quería huir de ese momento...  volver a mis adoquines...pero ellas me secuestraban en ese instante reclamandome a gritos una sonrisa de agradecimiento .. 



No se que ocurrió con aquellas hermanas, pero una mañana tras levantar la persiana, ya no estaban... 
Me acerque al oscuro reflejo del escaparate buscandolas entre aquella neblina pero lo unico que vi fue al misterioso fraile escondido bajo su capelina con capucha marcando con su bara el final de aquella historia.



Siempre quedaran en mi recuerdo las Pepas. Quizás un simple gracias hubiera sido suficiente.




UN PASEO HACIA EL PASADO



Cerramos los ojos y nos trasladamos al 1977. Exactamente a los orígenes del punto de partida de mis relatos, la calle Boters.

Por aquel entonces justo en el número diecisiete, una estrecha entrada abría las puertas a los primeros treinta años de mi vida. Un negocio familiar fundado por mis abuelos...Marcos y molduras Baldovin.......Una historia increíble. 

Durante mi infancia tuve la maravillosa oportunidad de crecer entre adoquines, fueron años donde estuve mas cerca de ellos que del propio cielo. Recuerdo que al alzar la mirada ..la estrechez de la calle solo me permitía ver una fina linea celeste.

Colocar mis pasos entre aquellas extrañas piedras corría siempre el riesgo a una torcedura. Cada pieza ocupaba su lugar y puestas minuciosamente creaban un gran puzle. Mi calle.


Una estrecha acera a cada lado se levantaba a pocos centímetros del centro y el conjunto de varias tiendas abrazadas entre si iluminaban unas fantásticas historias que hoy he decidido relatar. 

El recuerdo de estos días esta latente en mi , pero durante muchos años encerrado en mi memoria. 

Ha llegado el momento de liberar estos recuerdos, revivirlos y compartirlos contigo.

Cada mañana levantar la persiana despertaba una nueva historia .............