viernes, 24 de mayo de 2013

VE A COMPRARTE ALGO AL KIOSCO

Por aquel entonces, mis padres estaban muy ocupados y en ocasiones una niña de seis años era difícil de distraer. Pero siempre había un gran recurso... Mcarmen, ve a comprarte algo al  kiosco! 

El kiosko de la calle Boters estaba regentado por una pareja muy particular. No recuerdo sus nombres pero cierro los ojos y los veo. Como todas las tiendas del barrio eran de entrada estrecha y gran profundidad.


A pocos metros de la puerta y junto a un gran surtido de golosinas estaba siempre sentado el kioskero. 

Llevaba unas gafas oscuras que le protegían de la luz por su escasa visión o mejor dicho por su visión nula. Pero él reconocía mi voz y siempre me causó una gran admiración. 
Jamás supe comprender como sabia perfectamente donde estaban situadas todas esas pequeñas piezas azucaradas.


Recuerdo que en ocasiones mi falta de  inocencia ponía a prueba sus reflejos. Era muy difícil engañarle. Cuando le ponía las monedas en la palma de su mano las acariciaba con delicadeza y sabia perfectamente cuanto dinero había y si faltaba o si me tenia que dar cambio. Yo observaba todos sus movimientos... Nunca dejo de sorprenderme .


Al fondo y tras una pequeña mesa siempre estaba sentada  la kioskera. De cabellos canosos y peinada con un delicado moño. La conocí con un enorme quiste en el lado izquierdo de su frente que disimulaba con su peinado, creando una pronunciada ondulación. Yo nunca pude evitar dejar de observar esa gran pelota de pin pon en su frente.. Hasta que llego el momento en que se convirtió en algo habitual.Y es así como os lo relato....



Mi madre explica que en una ocasión tras volver del kiosko me senté en el rellano de la tienda a leer un cuento que supuestamente me había comprado. Al cabo de unos minutos y del efecto que  las risas que la lectura del  cómic me estaba provocando, una clienta se acerco a mi madre y le dijo... Carmen, usted sabe lo que esta leyendo su hija ??. Mi madre intrigada se acerco a mi y en la portada de la revista un gran culo y un cerdo estallaban mis carcajadas.

Alguna vez fue inevitable que ocurriera...El playboy no era una revista recomendable para menores de seis años.


Es probable que en este blog salgan a escena de nuevo mis kioskeros, ya que tengo  muchos relatos en el tintero de mi memoria....


sábado, 18 de mayo de 2013

EL COLMADO DE MI MEDIA AMIGA

Recuerdo que el colmado estaba lejos de la tienda.. Aunque ahora cuando paseo por mi calle me sorprende su corta distancia....


Llegando al final y a la izquierda, se abrían las puertas de un colmado que marco mi infancia. El colmado de mi media amiga.

Era un lugar muy peculiar en el barrio, un colmado que solía tener un poquito de todo. Lo imprescindible para la compra diaria del vecindario.


Allí solía ir a buscar cada tarde un bocadillo de queso de agujeros que mi media amiga me preparaba para merendar.



 Yo observaba a través de los cristales del mostrador como abría la barra de pan y la untaba con tomate, como dibujaba pequeños círculos con el aceite y dejaba caer la proporción imprescindible de sal; Seguidamente cogía un gran taco de queso gruyere y lo colocaba en una maquina  eléctrica  cortando unas finas lonchas.. Cada uno de los cortes, se deslizaba por la hoja  y salia cuidadosamente por el otro lado del filo de la cuchilla, dibujando unos agujeros perfectos....que colocaba con mucho cariño encima de la miga. Se repetía la escena una y otra vez y yo pegada ante aquel gran vidrio observe durante muchas tardes  esa increíble hazaña.


En la entrada siempre estaba el abuelo.Un ancianito de escaso pelo canoso sentado en una escalera de madera de dos escalones. Esa pequeña escalera que era muy útil para alcanzar el papel higiénico de la última estantería de la pared.

No hablaba apenas.. solo observaba la entrada y salida de la gente y en ocasiones dibujaba una sonrisa cuando lo miraba.Era el Sr. Martín


Mi media amiga regentaba el negocio junto a su marido, creo que se llamaba Josep. Era un señor con una gran cabeza y gafas cuadradas de pasta. Se peinaba con la raya al lado dibujando una perfectisima linea recta en su cabello.


Detrás del mostrador había unas escaleritas que bajaban a un pequeño rebost donde almacenaba cajas y cajas sin orden alguno.Recuerdo alineados unos pequeños toneles  y un  fuerte olor a uva fermentada. A mi ese hedor me resultaba repugnante pero se convirtió en un lugar misterioso y me encantaba. Cuando tenia algún diente a punto de caer iba a ver a mi media amiga y con mucho cuidado me lo estiraba cogiendolo con una de esa servilletas de papel de arroz, esas chiquitinas con cenefa azul.

Era entonces cuando me llevaba a ese lugar y escogía de entre todos los toneles el que estaba marcado con tiza en el frontal el nombre de Moscatel; Giraba el grifo media vuelta y llenaba un vaso minúsculo.


Ese momento era increíble para mi y lo vivía intensamente apurando cada una de las ultimas gotas en mi paladar... luego me envolvía la pequeña pieza en una de esas servilletas y me lo hacia guardar en el bolsillo. Con el paso de los tiempos cuando en alguna ocasión he vuelto a beber moscatel, no puedo evitar trasladarme junto a mi media amiga.


Siempre quedará en mi recuerdo ese colmado. 

Por cierto...mi media amiga se llamaba Roser. Ser mi media amiga la convirtió en alguien muy especial....

domingo, 12 de mayo de 2013

LAS PEPAS Y EL FRAILE DEL TIEMPO

Recuerdo que solo tenia que cruzar la calle y allí estaban.. la óptica Montserrat. Cuando yo la conocí el negocio no tenia actividad y lo único que quedaba era el recuerdo de muchos años vividos.
El reflejo del oscuro escaparate impedía ver el interior .Únicamente un descolorido fraile del tiempo las acompañaba, marcando con su bara una previsión .En su interior y sentadas una al lado de la otra, les dues germanes, la Pepa y la Montse.... 

La óptica Montserrat fue la historia de las Pepas, dos hermanas que convivieron una al lado de la otra cuidándose hasta el final de sus días..allí! en la calle Boters. Y cuando la edad les obligo a jubilarse, no supieron ir a otro lugar. Su vida era seguir estando junto a esas paredes. Y en cada nuevo día, aguardaban la espera del futuro que preveeria aquel misterioso fraile del tiempo.

Durante muchos años decidieron permanecer allí sentadas en lo que había sido toda su vida ...la nostra botigueta...

Reconozco que siempre me causaron un extraño temor, esas dos figuras de bata blanca sentadas en aquella oscuridad. Cuando tenia que pasar por delante aceleraba el paso pero al cruzar la entrada, una fina voz salia del interior de aquel lugar susurrando...nena!! vine vine... nena!!!. y me hacían gestos con sus manos para que me acercara a ellas y entrara...


Recuerdo que en el fondo de esa cueva había una cocina de muebles grises y pomos de aluminio, de techo alto y luz blanca fluorescente,húmeda...muy lejana al calor de un sofrito. Mis pasos se  acercaban timidamente entre esas baldosas erosionadas por el paso del tiempo y del interior de un estrecho cajón me ofrecían unos palitos finos de pan. Las Manos de las pepas eran delgadas y huesudas y temblaban constantemente.



Solo quería huir de ese momento...  volver a mis adoquines...pero ellas me secuestraban en ese instante reclamandome a gritos una sonrisa de agradecimiento .. 



No se que ocurrió con aquellas hermanas, pero una mañana tras levantar la persiana, ya no estaban... 
Me acerque al oscuro reflejo del escaparate buscandolas entre aquella neblina pero lo unico que vi fue al misterioso fraile escondido bajo su capelina con capucha marcando con su bara el final de aquella historia.



Siempre quedaran en mi recuerdo las Pepas. Quizás un simple gracias hubiera sido suficiente.




UN PASEO HACIA EL PASADO



Cerramos los ojos y nos trasladamos al 1977. Exactamente a los orígenes del punto de partida de mis relatos, la calle Boters.

Por aquel entonces justo en el número diecisiete, una estrecha entrada abría las puertas a los primeros treinta años de mi vida. Un negocio familiar fundado por mis abuelos...Marcos y molduras Baldovin.......Una historia increíble. 

Durante mi infancia tuve la maravillosa oportunidad de crecer entre adoquines, fueron años donde estuve mas cerca de ellos que del propio cielo. Recuerdo que al alzar la mirada ..la estrechez de la calle solo me permitía ver una fina linea celeste.

Colocar mis pasos entre aquellas extrañas piedras corría siempre el riesgo a una torcedura. Cada pieza ocupaba su lugar y puestas minuciosamente creaban un gran puzle. Mi calle.


Una estrecha acera a cada lado se levantaba a pocos centímetros del centro y el conjunto de varias tiendas abrazadas entre si iluminaban unas fantásticas historias que hoy he decidido relatar. 

El recuerdo de estos días esta latente en mi , pero durante muchos años encerrado en mi memoria. 

Ha llegado el momento de liberar estos recuerdos, revivirlos y compartirlos contigo.

Cada mañana levantar la persiana despertaba una nueva historia .............