Subiendo por el carrer del Bisbe y antes de cruzar el arco estaba la entrada al claustro. A la izquierda una pequeña parada de venta de velas rojas. En diferentes tamaños y con sus precios marcados en un cartón. Confieso que en alguna ocasión compre alguna pero decidir a quien se la encendía... Era todo un dilema.
Entre esas calles siempre te acompañaba algún violín o alguna guitarra.. Eran músicos que con el eco de mis adoquines conseguían escucharse a si mismos. La mayoría no tocaban para un publico. Sino para ellos mismos.Y de tanto en tanto el sonido de alguna moneda entorpecía la melodía.
Detrás de cada reja una historia iluminada .Rodeadas de mantos y todas ellas con las aureolas del señor Olivella y mirada triste.
Santa Lucia, te protege la vista... Y entre sus manos un recipiente. Siempre tuve la curiosidad de saber si había un ojo...
La meme me decía que si le guiñabas un ojo a Sant Antonio te buscaba novio. Y las trece ocas blancas en el centro... tantas como los años que tenia Santa Eulalia cuando murió.. Era así mama?
El olor de la cera, la humedad en el verano y el calor en el invierno, el sonido de las ocas y de tanto en tanto la Tomasa te avisaba que seguía estando por allí aunque no la viéramos.
Nunca salí por la capilla de santa Lucia, sin antes volver a cruzarme la mirada con sus ojos azules y en silencio llegaba a la calle. Ya esta! Desaparecía el silencio, desaparecía el olor...desaparecía la magia
Una carrera de bajada y llegaba a Boters..
Donde estabas!! llevo horas buscandote!

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